CANCIÓN A LA NOVIA DE JUVENTUD

No todo es vanidad, hija,
no todo es vanidad de vanidades.
Tanto al dinero di la espalda
como que derroché mis días en futilezas.
Sólo tras tuyo fui, hija,
como el cuello tras la soga.

Ataviada con tu pañuelo estabas, hija,
me dijiste: mira y ve.
Juré que el pan no probaría
hasta que mis dientes de tu carne se olviden.
Juré verte, hija,
hasta que mis ojos de mirarte, se apaguen.

Y llegaron los achaques, hija,
y la pobreza nos dio en la cara.
A mis achaques di acogida
y a la pobreza abrí la puerta.
Y se acaban los perros, hija,
y huyen ellos de nosotros.

Golpeó el hierro, hija,
y alejó mi cabeza de ti.
Ya no queda nada, hija, fuera
del polvo mío que pisan tus pies, 
porque el hierro se quiebra, hija,
mas no mi sed por ti.

No es el espíritu el que fenece, hija,
sino el cuerpo, que se rompe como la arcilla,
La alegría no llamó a mi puerta
y la tierra no me ofreció abrigo.
Mas el día que gozas, hija,
gozan también mis ojos en la tierra.

Ha de venir aún el día de la alegría, hija,
y también nosotros tendremos parte de él. 
Caerás sobre la tierra de mi pacto
y hasta mí con una cuerda te bajarán.
No todo es vanidad, hija,
no todo es vanidad de vanidades.