REBELIÓN
Como los estertores del ave en manos del matarife, yacías en mi mano, orgullo infame. Te tapé la boca, ceñí bien los pliegues de tu cuerpo y me gocé de tu infortunio: ¡Te herí! Me estoy vengando de ti por todas esas vidas que arrancaste en plena juventud, por esos obstáculos que pusiste en mi camino, por ese mundo al que empañaste su arco iris. Descansa en la oscuridad de tu rincón hasta mi regreso, ¡hasta mi vuelta de él!