CANTOS A UNA MUJER
ATu cuerpo es blanco como la arena en la que jamás un niño jugó. Tus ojos son hermosos y tristes como las flores pintadas en un libro de escuela. Tu pelo ondea como el humo del sacrificio de Caín. Yo mataría a mi hermano, mi hermano me mataría a mí.BTodos los milagros y leyendas de la Biblia sucedieron cuando estábamos todos reunidos. En la pendiente silenciosa de Dios pudimos con dificultad descansar. El espíritu elemental nos inspiraba en todo, teníamos el tiempo permanente. Mi vida es triste como el errar de los vagabundos.CMis esperanzas son viudas, sin posibilidad de volver a casarse. Nuestro amor viste ropas de huérfano de asilo. Las pelotas van del muro a las manos de los jugadores. El sol no vuelve. Ella y yo, a la vista.DToda la noche clamaron tus zapatos vacíos junto al lecho. Tu mano derecha se extendió en el sueño, tu cabello estudió el nocturno en el desgarrado libro de la brisa. Los agitados visillos son los embajadores de las potencias lejanas.ECuando desabrochas tu vestido duplico yo mi amor. Si te cubres con tu redondo sombrerito blanco, se enardece mi sangre. En el lugar que tú amas deben sacarse los muebles del cuarto y todos los árboles y los montes y los mares del mundo, ya que es tan estrecho.FLa luna sujeta de una cadena, calla afuera. La luna se ha enredado en el olivar y no puede soltarse. La luna de las esperanzas circulares Rueda entre las nubes.Gcuando sonríes, se aburren los pensamientos serios. De noche, callan los montes a tu lado, de mañana, te acompaña la arena del mar. Si tú me tratas bien huelga toda la industria pesada.HLos montes tienen valles y yo ideas. Ellas se extienden hasta la niebla y la pérdida del camino. Al fondo en el puerto sobresalen los mástiles. Detrás de mí comienza Dios con alambres y escaleras, con cajones y roldanas y eternas eternidades. La primavera nos encontró: Alrededor todos los montes son lastre que pesan nuestro amor. El pasto erguido lloró en nuestro oscuro escondite : Nos encontró la primavera.