OPCIÓN
Son los resultados de nuestras obras los que de alguna manera nos forman, Nos rodean y cercan con secretas cadenas - nos depositan en un surco o huella, nos cubren con tantas cosas de su realidad - hasta que imprimen su sello, modelando en verdad nuestro rostro. No hay aún quien pueda responder si es el carácter, el que determina el destino del hombre, o si es el destino, el que determina su carácter. Por lo tanto, sea lo que sea - y si existen como en todas las rutas bifurcaciones, no todos los caminos conducen sólo a Roma. En el cruce es posible, que, quieras que no, tomes hacia la derecha o tomes hacia la izquierda, o aún, trates de continuar derecho, seguir derecho hacia adelante. Adelante, si es que hay un camino derecho. Es posible aún, con todas las dificultades que representa, torcer en cualquier sendero borroso, que se desprende así no más de la ruta o que sólo se demarca o sencillamente irse de paseo. Escalar por ejemplo, sorpresivamente la montaña o digamos, bajar al abismo abierto al costado del camino. Por último, me parece que no hay en el mundo monte a cuya cima no ha llegado el hombre. Ni abismo al que no haya descendido y viva - por qué ha de negársenos lo que hizo o hará el prójimo. Por eso cada hora, o casi toda hora es la hora de la opción en el cruce del camino. Todo cuanto haga el hombre o deje de hacer - aun cruzándose de brazos, o sentándose a la vera del camino o desviándose de él, nos atañe. No es necesario decir todo lo que otro ha elegido en el mundo he de aceptar, porque me hayan lanzado a él.