AÚN ENTONCES...
Aún entonces, en mi postrer momento, cuando deje ya de circular la sangre por mis venas, y no puedas llorar, me observarás asustada, llena de pánico, pero sin sentimiento. No captarás mi muerte, como no lograste comprender mi corazón que se ilusionaba en los sueños, cuando tu besabas mi frente. No, no entenderás mi muerte, tú, que creías que mi vida se prolongaría como una llama sin fin. Lloras por esa flor cultivada enjaula de oro que se marchitó por falta de sol y rocío, lloras por esa ave que cayó de lo alto del nido siendo aún ciega, débil e indefensa. Mas, no gimas por esa roca, la eterna roca que de pronto se estremeció, solitaria y libre, y temblando se desplomó estrepitosamente, abriendo un abismo lleno de tinieblas y misterio.