¡HAY UNA NIÑA EN UN POZO!
Una línea corta el horizonte en dos.
No es necesario que alguien diga uno y otro lado
ya la niña se ha puesto a lamer la huella
y a confundir con sus saltos y sus vítores y su
ahínco
las distintas lunas del espejo.
Una línea divide el horizonte en dos.
La niña sigue el paso del conejo y bebe del pozo
como quien bebe de su propia caída.
Una línea fija el horizonte en dos.
Dentro de la línea una niña cae y cae preguntándose
a viva voz
la duración de su caída.
No causará extrañeza el llanto de la niña cuando
tope fondo
-pero no topa fondo-
y no será raro tampoco que el horizonte recupere su
unidad
si la niña lograra mirarse en lo hondo de su llanto.
Pero la caída trae como consecuencia
anverso y reverso de un único horizonte.
Sólo el decapitado sobrevive
Sólo sobrevivirán los estragos de mi cuerpo
la cabeza sola no habla
la cabeza separada no piensa
la cabeza mirando el hueco no siente
el sentimiento sin cabeza no duele
el dolor en el cuerpo no se acostumbra
no siembra sus temores
sólo el decapitado sobrevive
a la guillotina amnésica del tiempo
descansará la mente si abandona a la cabeza
cubierta por un lienzo ella se martirizará callada
libre por fin el cuerpo verá reconstituirse los tejidos
que fueron pasto para la voracidad
de la cabeza propia
la de los otros aún más voraz 
anida a duras penas sobre los hombros.