(VIDA MÍA)
Déjame lavar tu calzón, vida mía, el que usas siempre, el que heredaste de
la vieja parturienta ancestral del caos. Dámelo, para lavar con mis manos y
restregar de mi bandera la sangre de tus menstruaciones, la savia de tu
pubertad, para lavar la locura y la maldición que al ser tejido por Violeta en
su telar, le echaron las brujas, untándolo en la chicha pura y ostentándolo en
la punta de sus lanzas. Déjame lavar mi esperma. De velitas. De cumpleaños.
De colores. Y el semen de los geni irracionales y alucinógenos y luciferinos
y lucífogos y lucíferos. Quiero limpiar tu calzón de todas las inmundicias y
virtudes humanas. Lavar el instinto que lo impregna de placer y de perfumes
y pestilencias, para lavar la sensibilidad que lo humedece, esa sensibilidad
infinita de la mortandad que baila sumida en su infancia, siempre a segundos de despertar y envejecer. Dame tu calzón, para lavar la vida que lo pudre.
Lo secaré. Lo izaré y será la bandera sin patria y sin patriotas. El emblema
de nuestra serena revelación, de la más íntima. Quiero lavar tu calzón y el
calzón de cualesquiera mujer que quiera que lo hagan mis manos, para
descansar las suyas. Quiero lavar el calzón de mi amiga neoprénica y lavar
lavar con mis manos las vaginas de los vellos pubianos de oro, que ocultan diamantes y la tuya paria que no deja inhalar e inhalar mi neoprén procreador. Déjame lavar tu calzón, vida mía, jamás permitiré que lo usen como un viejo
estropajo...
AIM ADIV
VIDA MÍA...