Grillos violincitos embalsamados con acústica por algún dios aborigen, sin partituras mozarteanas, esos arcos diminutos clavan el insomnio, y las cuerditas juntas interpretan el pentagrama de las almas, a pesar del insecticida y la chancleta.
Grillos
violincitos embalsamados con acústica por algún dios aborigen, sin partituras mozarteanas, esos arcos diminutos clavan el insomnio, y las cuerditas juntas interpretan el pentagrama de las almas, a pesar del insecticida y la chancleta.