Once horas
Once horas. Rojo.
Los nudos del encantamiento
al conservar
desconociendo cuerdas y equilibrio.

El cielo puede abrir
una palabra antigua
vista de espaldas.

En la respiración del río,
el candor de la arena
soñando lo mismo a las cuatro de la tarde.

La calle esconde el roce,
el caminar del viento
que aún no quiere decir
por qué en la polvareda
los pájaros demoran en abrir el recuerdo

La libre eternidad que ya inventamos.

Esas casa, mirándose mareadas,
yéndose de la tarde...
como los dedos de la mano
desde el centro de la mesa
hasta el borde.

El humo en el reloj.
Vestidos y sombreros,
botellas...
Las estrellas impares
en la pronunciación de los pinceles.

La risa es una cinta
donde los brillos guardan
las miradas recientes.

Ficciones del sonido.
Un dorado escozor.
La luna en dos ombligos
inquietando a la muerte.

El silencio de los colores
niega que hay otra noche escrita
en la distracción de las cosas.

Espacios en la frente.
La dulce oscuridad
que el amor trama,

las voces que suceden a la vez.