Pájaros
II
   
Persigo la sobra, el deseo de la sombra.

Hay un clavo que ato
a la mirada de un perro que
tiene los ojos caídos.

Valijas transitadas
                  valijas de cartón,
se mojan en el charco al apoyarlas
                           y esperar que el ómnibus pase.

En el traje de novias
los gajos de tu luna derraman la aventura
hasta recrearte, en la plaza junto a la calesita
                                    que seguía dando sus vueltas.

Y allí donde los peces 
pierden sus fueros,
en la orilla de todo lanzo los gritos acostumbrados.

En la terraza nos propusimos juntarnos bajo el paraguas
cuando la lluvia era más fría que el aliento de las chicharras.

Ahora estoy  fuera de vos esperando que pase
el ómnibus acariciado de agua
se moje
de cartón la valija.
   
   
V
   
Estabas tomándole la mano al viento
Soltándote
purpureabas en histriónicas transiciones
de geisha suburbana.
Acarició la tarde nuestro jardín
los pájaros fueron entonces calesitas inyectadas
de soles,
estabas encendida bajo el rayo de abril
abriendo los ojos como fluorescentes.

Así, luego de abrazar el aire
se disparó tu boca al infinito
y no hubo más remedio que resignarse,
escribir sobre el tiempo
palabras al oído.