OTOMO OEMARU
(1719-1805)

La bola de nieve
al fin
es inmensa
 
Me dejo rodear
Como el Buda
Por los mosquitos del equinoccio
 
El viento disminuye
Las montañas se ven
Y ahora las ranas
 
A quien la persigue
La luciérnaga
Ofrece su luz
 
Los melones.
Por ellos lo reprimí el año pasado
y hoy los ofrezco a su espíritu