Mariposa
Ciertamente, entonces sonreíste, como quien emprende un viaje por algún lugar, alejada ya de mí, y sin embargo más cerca, como para grabar tu imagen en mis ojos. No te olvido, tú, de púrpura, alta, erguida, tembloroso tu cuerpo todo bajo los suaves rayos como una mariposa suspirando. Sólo alrededor del sitio donde estabas los árboles en flor se aquietaron, se hicieron trasparentes, y alejaron la ciudad del polvo y las multitudes. Ciertamente, entonces sonreíste. Desde ese instante permanezco inmóvil y maravillado, tratando de recordarte con aquella sonrisa.