Canción secreta de los heréticos

Creo en las heréticas enseñanzas de una edad
            	degenerada,
en los capitanes de los barcos negros,
en la brujería del dios cristiano,
en la maravillosa tierra de los pelirrojos,
en el vidrio escarlata, en el agudo perfume del clavel,
en el calicó, el raque, y el vino tinto de los bárbaros
		           del sur;
en los dominicos de ojos azules que cantan la liturgia
que aun en sueños me cuenta de un Dios de fe
		           prohibida,
o de la Cruz manchada de sangre,
en el sutil invento que hace a un grano de mostaza
		           grande como una manzana,
en el extraño, plegable anteojo que ve hasta el
		           Paraíso.
Ellos construyeron una casa con piedra, la blanca
		           sangre de mármol
derramada en vasos de cristal;
cuando cae la noche —dicen—, estalla en llamas.
Este hermoso sueño eléctrico se mezcla con el
		           incienso del terciopelo
reflejando el pájaro y las bestias del mundo de la luna.
He oído decir que sus afeites son extraídos
de las flores de plantas venenosas,
y que las imágenes de María están pintadas
con el aceite de piedras podridas;
las letras azules alineadas horizontalmente en latín
		           o en portugués
están llenas de una hermosa y triste música del cielo.
¡Oh santos padres del error, dadnos seguridad,
aunque nuestros cien años se reduzcan a un instante,
aunque muramos en la sangrienta cruz,
no importará; rogamos por el Secreto,
ese extraño sueño carmesí!
Jesús, rezamos por este día, cuerpos y almas
aprisionados en el incienso del vehemente anhelo.