Los recién casados en el tren
Están sentados del otro lado del pasillo, el pequeño judío con aspecto dominguero, la pálida muchacha de labios pintados y ojos sombreados. El no puede contener su enorme gozo, sus manos se extienden para acariciarle la mano, y se esfuerza, trata de hacerla sonreír y comprender. Ella parece tener un solo pensamiento acerca de sí misma; su vestido, su cabello, dobla, alisa, y toca con estudiado cuidado. Pero hay temor detrás de su sonrisa, y algo en ella se estremece y falla; lo observa entre sus pestañas y se lustra las uñas.