Fantasma
Cuando la lámpara se apagó y la noche se hizo oscura. cuando la puerta se cerró y estuve solo, pensé que afuera había alguien, de pie, en la oscuridad. Alcancé a oír pasos, me pareció, y entonces llegó a mí, con la risa nocturna el dulce tintinear de las pulseras. Por un instante deseé y me pregunté si debía abrir la puerta. Poco después, vencido por el sueño olvidé. Más tarde, acostado, en mi intermitente despertar volvió el pensamiento: Tal vez alguna persona extraña esté aún sentada a mi puerta en esta noche solitaria. "¿Qué puede ser sino un sueño vano?", me dije. Hundido en la callada noche, desde mi ventana vi las siete estrellas que me hacían señas desde el centro del cielo. "¿Por qué no levantarme y encender la lámpara?", me pregunté. Pero quedé tendido, indolente, con la lámpara apagada, y pasaron las horas, mientras la puerta permaneció cerrada. De pronto sopló el viento sur y se estremeció el corazón de la arboleda, y entre las hojas corrió un murmullo como de alguien que hablara en sueños. Con intermitencia el fragante jardín entró, desmayado, por mi ventana tocando mi cuerpo todo con éxtasis. Estuve un instante despierto hasta que mis ojos se cerraron de cansancio. Con lágrima derramada en la noche de la separación, el lucero del alba brilló en el oriente. De pronto me pareció oír un lamento en la avenida de las acacias, y la hierba empapada de rocío tembló, desconsoladamente. Cuando por fin dejé mi lecho y abrí la puerta, ¿de quién era la guirnalda de olorosos jazmines que vi tirada en el polvo? Allá, a la distancia, con los ojos bajos, sombra en la arboleda sombría, la vi, desamparada visitante de anoche, desvanecerse como un fantasma en la bruma del amanecer. De hoy en adelante dejaré mi puerta abierta por la noche. Dejaré mi lámpara encendida junto a la ventana. De hoy en adelante velaré toda la noche esperando sus pisadas cuando atraviesa la arboleda ¿Volverá ella otra vez a mi corazón, como la fragancia de su guirnalda de jazmines que vuelve con la marea de la noche?