Al caer el día
Ya está del todo en la noche. Ha cesado el clamor de mi amada ciudad, y mi dedo dejó de volver las páginas. Las pequeñas plumas del Tiempo se posan sobre mis párpados. Hago girar la llave, y me apoyo en la oscuridad, como si fuera el pecho de mi madre. Silenciosamente, me incorporo a la espesa oscuridad. Por un instante abandono a algún otro la forma que me fue dada. Ese instante, como el del fin de una vida, me hace crecer, de pronto, inmenso, inmenso. Y entonces, con lentitud, empiezo a circundar la totalidad del globo...