Los pobres
La anarquía de la pobreza me seduce, la vieja casa amarilla de madera carcomida entre las nuevas viviendas de ladrillo o un balcón de hierro fundido con recuadros mostrando ramas de encina en pleno vigor. Eso se adecua bien a las ropas de los niños reflejando cada uno de sus estadios y hábitos de la indigencia, a las chimeneas, a los techos, a las cercas de madera y metal en una época sin vallas y que no encierran casi nada, al viejo de suéter y blando sombrero negro, que barre la acera, los tres metros que le pertenecen, bajo un viento que a intervalos doblando la esquina ha arrollado la ciudad entera.