EL  HIJO
Negada fue a mi sed, a mi agonía
la certeza de Dios, la bienhechora
llamarada de Dios, hasta la hora
en que el niño bendijo la alegría.

Y su carne de alondras todavía
enraíza su sombra entre la aurora
y su noche es tan leve que demora
la leyenda del ángel. Cada día

mido el amor, la paz, la lejanía
de la muerte, el sueño de lo humano
en su pequeña luz, en la porfía

del cielo asido a su dios temprano.
Creen que llevo al hijo de la mano
y es él quien me sostiene, quien me guía.
de La noche y otros poemas, 1960