II
MEDIODÍALa paloma, leve en la rama seca del aromo, no sobre la hierba fresca ni cerca de las prímulas rosadas. Quieta dibuja una parábola. La de Claudel. Animus y Anima. Esa zona profunda, esa punta, ese centro luminoso en mi adentro vacío, y dicho así de paso, por encima, apenas sacudiendo la maleza de mi cráneo: me llena nuevamente de esperanzas, de cierta fe perdida en sacristías. La paloma apoyada sobre el sentimiento de la grandeza del alma, en la mística que me devuelve la fuerza, el desafío vacilante todavía, pero bastante fuerte. Desafío a la muerte, a los impíos.