ADAGIO PARA UNA PERLA EN CIERNE
a Helena Quinteros y Elisa Koval
No como la ostra que se adhiere al fondo del abra -ociosa concha caliza- la lesa madreperla, la herida por una concreción. El buen oriente de una esfera de nácar ponderado porque en cierne los sinos apreciados no son meros engastes, doraduras de aros o de ajorcas. Zarco brillo que no acabó jamás en un anillo ni en una guarnición de Tolomeo. Hazla madreperla para que doquiera fulgure, regia sea en su propia diadema, preciosa urbanidad que ahoye, que deje doquier toque pendiente de su hilo: una huella de daga cuyo filo doquiera lo provoquen, no responda. Hazla templada como el flexible acero de la daga, para que entrañe fuego - aunque adolezca de la llama que entraña. Tornea búdica como la vida algunas veces no una hembra de fatua carnadura. Hazla como la vida a una mujer.