CAMPANA Y YO
Por amor del poeta, puerta abierta de la muerte la noche, tu cerrada voz. La entrada a tu alma, morada mía a esa hora sin sueño ni sueños. ¿Quién apaga el amor así en nosotros? ¿Quién es quién? Preguntabas a la Madonnina del puente, o a la gente muda, mudándose en la desnuda luz de semblante. ¡Abajo los espías! ¡Que mueran los rufianes! Gritabas. En vano como una aldaba llamo a una puerta que da a ninguna parte y como un arte secreto, sobrevivo a otra noche. Filo de hacha o hilo de seda... ¡Abajo los espías! ¡Que mueran los rufianes! La pelea hasta quemar la sangre, frita la gota errante por las venas Que desgarrante sube: el río se pierde En la arena dorada ( ) Y ya las cosas no son más. ¿Qué son las cosas ahora que las cosas lo son todo para los que nada son sin las cosas? ¿Dónde la encorvada sombra del humano trabajo? ¿Quién apagó el amor así en nosotros? Y la luz del puente de la Madonnina doliente también. Y gritas todavía ¡Abajo los espías! ¡Que mueran los rufianes! Pobre, casi desnudo, Divino Dino, junto a la arcada de via Strozzi, antes y después de la cárcel, los muros de la locura, de la mente mudándose hacia las fuentes que saben que no hay dulzura semejante a la de la muerte. Mas no para mí. Otra suerte por azar o destino quiero, y sentir que me muero si me muero. Que me vivo como un arte secreto. Y con mi estilo sobrevivo a otra noche.