JAMÁS SUBIRÉ MÁS ALTO

¡Blasfemas!, le respondió Teócrito
al joven poeta que sólo
había escrito un idilio, y temía,
sobre el primer peldaño de la poesía,
no poder alcanzar el último. Yo
le diría lo mismo
porque no creo en la escala, salvo
que tuviese peldaños dispuestos
para descender
a la tierra.  Semejante a la raíz
de la higuera que se hunde
y se aferra 
a su busca: pequeñas hojas de té, de
profundas cenizas de cenizas…
Ese es el privilegio del poeta
que no gozan los jueces aunque
acepten o repudien. Y a veces
tienen razón, porque
como decía Flaubert: “El poder
es esencialmente estúpido”