KAFKA Y YO
Hace mil años cinco minutos eran Igual a cuarenta onzas de fina arena Vladimir NabokovDemoro entre mis dedos esa carta Cerrada, todavía. La demoro como aquel aire un as, cruento, de oro, de unos naipes mezclados por mi padre. Prólogo de otro juego. No me hería la lúdica baraja ni la espera sino el as separado del conjunto, y detenido en vilo sobre un punto de una línea de instantes. Alevosía es matar previamente la piadosa sinceridad del filo de un cuchillo que va a desentrañar. La carta espera ahogándose en el sobre que desgarro sólo mucho después, cuando es muy tarde para quien esperaba una respuesta. Para mí que esperaba recibirla. Es aún ese as el que me birla el tiempo de mi padre que era mío. El tiempo que he perdido por cobarde.