TRAKL Y YO
Buzo de lo profundo, sumergido en el diáfano día, en la belleza antes de la jauría y de la presa. Ebrio se quitó la escafandra en ese punto de la profundidad donde el cerebro se bebe la ilusión un de un aire puro y se ahoga saciándose en su sueño. No le bastaba el agua peregrina corriendo entre las zarzas. Su destino era pulir la piedra de lo errado, lavar sus pies descalzos lastimados por los viejos zapatos. Amante del abismo, de la hondura se hundió hasta la embriaguez en la locura lúcida de quien no amó la cacería. De quien, no fue ni perro, ni fue presa.