TRILCE
A Carlos Berrini, en memoria
El olor de los libros en la trastienda desordenada como la añoranza, el caos de recuerdos que tantean lo arrumbado en nosotros, polvoriento como el pueblo de un western, la amistad que nos reúne en ella casualmente sobreentendiendo el día, cierta hora. Próximos como el río y las esloras con las rodas enjutas del silencio ese lugar humano del pasaje es un muelle fortuito. Amarras. Bitas. Y el casco entresoñado de ese barco que navega a la cirga de la niebla son certezas del viaje postergado, la esperanza del mar que fue el pasado y el minuto presente donde escora y se hunde este día lentamente.