EpigramaLa mosca se ha posado en el borde del plato para lavarse las manos a orillas de mi sopa dorada. En circunstancias como estas lo mejor es disponer de una conciencia neutra. Después se frota las manos con íntima complacencia y tras una desaparición instantánea abandona un puntito oscuro en la loza blanca. El mundo está en orden en las inmediaciones. Cada cosa persiste en su convicción. De modo que la mosca no ha sido enjuiciada. Y en mi asco cabe todo su posible paraíso.