EL OJO DE LOS DÍASAún humea el ojo de los días. En el templo las voces bordan cielos y las lluvias bendicen lenguas dolientes. Un espíritu se ha levantado desde las fauces del océano y su aliento incendia jardines de piedra. El silencio tañe muérdago, un ojo ríe y cuerpos perdidos hienden la ausencia. No hay salvación, todavía el alma pena.