MADRE
En las  noches, cuando en mi  ventana flamea como un 
incendio el frenesí de las Bacantes, abro mis ojos y
miro el cielo raso buscando tu rostro, esa mirada
y esa voz que resplandecían mientras tu espalda se encorvaba
bajo el peso de las brujas y dragones a 
quienes tanto temía. Pero ¿cómo hacías para hacer
de la oscuridad un haz luminoso?,¿qué coral te 
dictaba las canciones que acunaban mis miedos?.
Ahora que las sombras son sólo sombras y no figuras
chinescas, ahora que los espejos envejecen en mi
mirada, te convoco madre-infancia.
Tus manos apaciguando la penumbra de mi ignorancia,
tus dedos deslizándose por mis cabellos como
hollando un santuario,
tus brazos moviéndose al compás de mis ferocidades.
Yo te contemplaba desde el sueño envuelto en tus 
aromas de malvón, tomillo y madreselva. Y qué bien
reía tu cuello inclinado sobre mi oído para susurrarme
el último arcano, un ojo del viento.
¿En qué cesta que ahora no encuentro viven las
madejas de colores con que tejías mis rezos, y aquél
diario donde anotabas con inocente paciencia mis
primeras palabras, los primeros pasos, el primer beso?.
Madre, si eso no era tu niñez, ¿qué falta ahora
y hace que todo duela?