MAGDALENA
Su cuerpo tiembla.
En su sonrisa juega un ángel que cansado del cielo
bajó a su cuna y le acaricia las mejillas.
De vez en cuando despierta
aturdida por el galope de los caballos que cruzan su sueño.
Entonces abre sus ojos,
luego vuelvo a quedarme solo.
Permanezco a orillas de su mar
enjoyado en silencio.