MAURICIO
Abuelo, mi abuelo de manos ennegrecidas
de pogroms y albas de panes y noviazgos.
Nunca conocí tu rostro,
tampoco escuché tu palabra.
Dicen que eras parecido a mí,
que también eras poeta
y tenías  novias  como collares
y vinos como amaneceres.
Te imagino bajo la luz de una vela
imitando los versos de Bialik,
seduciendo a las chicas judías
que enhebraban con sus ojos azules
ensueños de príncipes jasídicos.
Y tu boca de lumbre, Mauricio,
para amar el sueño, para entrar al sueño
de los que llevan pesadas cargas,
para entrar a la sinagoga y su azote,
y plegarias de candelabros y espejos
para entrar al sueño, a una música
incandescente. Y el sueño y tus labios
que ya no empinan la sed.
Mauricio, abuelo,
tu sal, tus ojos, tus manos
están en mis noches
cuando escucho las horas desiertas
y miro de frente a  la muerte
y le pongo una cuchara en la boca
para que haga arcadas y vomite muñecas rotas.
Aún guardo tu bastón de puño nacarado,
tu bastón encallecido de viajes,
tu bastón de exiliado,
fiel compañero por calles solitarias
donde escondías tu tristeza y tu rabia
en los pechos de las prostitutas polacas
que eran capaces de escuchar la misma historia sin hartarse. 
.Por años busqué tu tumba:
aquí en Buenos Aires
sobre viejos archivos de cementerios,
en Nueva York bajo la nieve negra
o en los ojos tatuados de miedo
que nunca viste de mi madre.
Y siempre la ausencia,
tu nombre no figura en ninguna parte,
sólo te invocan  la torá de hojas ajadas,
el pánico de la abuela y el bautismo de ese balazo
que apuraste en una aldea innombrable.
¡Desgraciados de nosotros si nos abrimos demasiado pronto!,
las aguas se desbocan,
los tesoros del corazón  se pierden
y sólo queda la razón , esa Dama de las Camelias
que bebe nuestra sangre en las noches
cuando el paisaje es una mueca ensombrecida.
Mauricio: hemos vivido en la esperanza  del día
y la oscuridad quebró nuestra lengua.
La noche calla sus cuchillos.
Ahora sólo tropiezo con mi infancia
donde unas manos dibujan
mapas de países inhallables
y unos labios emigran hacia tierra de nadie
llevándose consigo lo que olvidaron soñar.