MOISÉS
Desde la cumbre del monte Nevón
Moisés contempla la tierra prometida
a la cual no ha de entrar.
Han sido más de cuarenta años
desde que la zarza ardiente
lo impulsó a cruzar el desierto.
Entonces, ni el cielo estaba tan alto
ni la tierra tan baja,
la palabra era el puente
que estrechaba la intemperie.
Pero hoy, en su lejanía vertical
comprende la soledad de su voz,
la visión que le nubla el presente.