PERLA
Miras en el espejo la sombra vana de una máscara,
esa  que fue tu rostro y ahora es sólo un ojo despierto. 
El viento cantó,
las campanas anochecieron 
y hoy tiendes la mano hacia un fantasma
que fue tu madre, Perla,
un nombre perdido entre otros nombres.
No fue tuya, no fue de nadie,
las palabras que te dijo no existieron 
pero sí sus voces, los atardeceres
y esa manía que aún posees
de mirar el vacío y ver un cielo.
Siempre estuviste solo,
nunca besaste sus labios,
nadie te abandonó en la tierra.