PLEGARIA

Señor, mi  Señor,
el cielo calla sus rezos,
la sed derrama sus perlas
sobre los labios del alba.
Un canto enhebrado en abismos
enciende velas como plegarias.
Ten piedad de nuestra voz,
escucha nuestro silencio.


Señor, misterioso Señor,
confunde la lengua de nuestra errancia
con los pasos del desasosiego,
levanta un muro
donde encerrar la mirada,
olvida el olvido y a quienes te aman.
Ten piedad de nuestras manos,
consagra nuestro deseo.