PLEGARIA
Señor, mi Señor, el cielo calla sus rezos, la sed derrama sus perlas sobre los labios del alba. Un canto enhebrado en abismos enciende velas como plegarias. Ten piedad de nuestra voz, escucha nuestro silencio. Señor, misterioso Señor, confunde la lengua de nuestra errancia con los pasos del desasosiego, levanta un muro donde encerrar la mirada, olvida el olvido y a quienes te aman. Ten piedad de nuestras manos, consagra nuestro deseo.