MIRANDO UN CUADRO Hay un óvalo breve en el breve cáliz de un instante donde nace a la mirada una muchacha. Ella atrapa en las fisuras la suavidad de los pinceles y escapa de sus horas no vividas entre los pomos de óleos y los cuadros. Espera detrás de la magnolia sumergida en la presencia interior de un hombre vuelto hacia el rincón más umbrío de la casa. Es un óvalo lejano el de su rostro y señala su caída. El doloroso y breve cáliz del instante.