DÍAS DE 1901
Esto era lo que había en él de singular: 
que en medio de toda su vida disoluta 
y de su mucha experiencia en el amor, 
a pesar de la habitual armonía 
entre su actitud y su edad, 
había algunos instantes -pero muy raros 
ciertamente- en que daba la impresión 
de una carne casi intacta. 

La hermosura de sus veintinueve años, 
tan probada en el placer, 
había momentos en que paradojalmente recordaba 
a un adolescente que -con cierta torpeza- al amor 
por primera vez su cuerpo puro entrega.