EN CAMINO A SÍNOPE
Mitrídates, glorioso y potente, 
señor de grandes ciudades, 
poseedor de ejércitos poderosos y de flotas, 
mientras iba a Sínope pasó por un camino 
de campo muy apartado 
donde tenía su morada un adivino. 

Envió Mitrídates un oficial 
a preguntar al augur cuánta riqueza aún 
poseería en el futuro, cuánto poder más. 

Envió un oficial suyo, y después 
continuó su camino hacia Sínope. 

Se retiró el adivino a un cuarto secreto. 
Después de más o menos media hora salió 
preocupado, y dijo al oficial: 
"No pude distinguir en forma satisfactoria. 
El día no es apropiado hoy. 
Vi cosas oscuras. No comprendí bien. 
Pero que se contente, pienso, el rey con cuanto tiene. 
Algo más le traería peligros. 
Acuérdate de decirle esto, oficial: 
¡con lo que posee, por Dios, que se contente! 
La fortuna tiene cambios repentinos. 
Dile al rey Mitrídates: 
"muy raramente se encuentra el compañero noble, de su antepasado 
que escribe con su lanza sobre el suelo oportunamente 
la frase salvadora Mitrídates huye".