EN LA CALLE
Su simpático rostro, un poco pálido; 
sus ojos castaños, como cansados; 
veinticinco años, aunque aparenta más bien veinte; 
con algo de artístico en su vestir 
-tal vez el color de la corbata, la forma del cuello- 
camina sin rumbo por la calle, 
como hipnotizado aún por el placer prohibido, 
por el tan ilícito placer que recién alcanzó.