JÓVENES DE SIDÓN (400 D.C.)
El actor que trajeron para que los divirtiera 
recitó también algunos epigramas escogidos. 

La sala se abría sobre el jardín; 
y tenía una sutil fragancia de flores 
que se mezclaba con los aromas 
de los cinco perfumados jóvenes sidonios.
 
Se leyó a Meleagro, y a Crinágoras, y a Rianos. 
Mas cuando el actor declamó, 
"Esquilo Ateniense hijo de Euforión yace aquí"- 
(acentuando quizás más de lo debido 
el "coraje insigne" y el "bosque de Maratón"), 
saltó al instante un muchacho vivaz, 
fanático por las letras, y exclamó: 

"Ah no me gusta este tetrástico. 
Expresiones de tal especie parecen en cierto modo debilidades. 
Entrega -proclamo yo- a tu obra toda tu fuerza, 
todo tu cuidado, y luego recuerda igualmente tu obra 
en el tiempo de prueba, o cuando tu vida ya declina. 
Tal es lo que espero y exijo de ti. 
Y no que saques totalmente de tu espíritu 
el espléndido Logos de la Tragedia 
qué Agamenón, qué admirable Prometeo, 
qué presentaciones de Orestes, de Casandra 
qué Siete contra Tebas -y para memoria tuya que pongas 
solamente que entre la tropa de soldados, en la multitud, 
también tú combatiste contra Datis y Artafernes".