MUERTE DE UN GENERAL (1899)
Su mano alarga la muerte 
y de un glorioso general la frente toca. 
Al atardecer un diario la noticia da. 
La casa del enfermo se llena con muchísima gente. 

A él los dolores le paralizaron 
los miembros y la lengua. Su, mirada gira 
y mucho rato se fija en cosas conocidas. 
Impasible, a los viejos héroes recuerda. 

Por afuera -lo han cubierto silencio e inmovilidad. 
Por dentro -lo ha podrido la envidia de la vida, miedo, 
lepra de placer, necia obstinación, ira, maldad. 

Pesadamente gime. -Ha expirado-. Llora la voz 
de cada ciudadano: "¡Su muerte ha arruinado a nuestro estado! 
¡Ay la Virtud con él ha muerto!"