SACERDOTE DEL SERAPIÓN
A mi buen padre anciano, 
que me amó siempre igual; 
a mi buen padre anciano que murió anteayer, 
poco antes de anochecer, estoy llorando.
 
Jesucristo, los mandamientos 
de tu iglesia santísima observar 
en cada acción mía, en cada palabra, 
en cada pensamiento, es mi esfuerzo 
cotidiano. Y a los que te niegan 
los rechazo.- Pero ahora me lamento: 
gimo, Cristo mío, por mi padre 
a pesar de que era -horrible decirlo- 
sacerdote en el muy maldito Serapión.