Compuse estos versos, imagen del ensueño, en soledad porfiada. En la desmemoria que ordena la penumbra, el canto y los hados que invocan las voces. Supongo que el poema es su clima, el instante sin dueño. Como un pájaro inmóvil en el viento del atardecer.

Excitante y disperso el poema se hace realidad. A través de la palabra el poeta persiste. Abandona su tiempo, su retiro. Nos acecha en rápidas sombras detenidas. Viene sin prisa, con nubes de otro canto. Allí –en ese espacio ensimismado– acude la voz de la amada, la lumbre de nuestros antepasados, la anhelosa mirada del rebelde. La fresca e infinita bondad de nuestros hijos. La poesía es, en síntesis, esa delicada sustancia. Morada antigua, peregrina.

Cierro mi mano y siento la tierra que el campesino arrojó, sombrío, en el mar. La lucha desigual del hombre contra las mitologías religiosas, los tronos donde reyes y dioses ensombrecieron la vida. El poema es también esa pasión libertaria. La constante rosa roja de los mártires. La ausencia. Tiempo callado o distraído.

La belleza del pájaro bogador perdido entre las nubes. Aún en estos días de destrucción y de ceniza.