AmsterdamDescubrí sus calles, sus canales, sus puentes. Contemplé obras maestras, el ingenuo encantamiento de los molinos, la luz efímera del invierno. La intimidad de sus ventanas, los visillos. Bibliotecas, pianos, hogares flotantes, que con fineza y generosidad enseñan. Y visité su casa, donde lloré. Allí mis ojos vieron lo incomprensible de la condición humana.