PORQUE HUBO PRIMAVERAS,
hubo otoños, inviernos y veranos,
escalofríos, sed y vientos suaves
para mi piel de niño, para mi mano antigua;

porque cien labios me besaron
y amasaron amor en mis hogazas
y fueron humus fértil a mi simiente hambrienta;

porque en Ur de Caldea, en Harán, en Egipto,
en Horeb, en Pentápolis, en tanta tierra ardiente,
planté mi tienda, gentes y ganados;

porque aprendí lo húmedo, lo fresco, lo amarillo,
lo seco, lo aromado, lo sabroso y lo terso,
lo oscuro, lo sonoro;

porque supe de ríos, amistad y montañas,
dolor y atardeceres, montes y pececillos,
aves, flores, estrellas
y fui testigo lúcido del regalo del mundo;

porque tuve a Ismael y tuve a Isaac
y tuve tardes, noches y mañanas,
vivir, valió la pena.