Cuadros de una exposición
Pinté mi aldea, de madrugada sin que nadie me viera de amarillo / ocre / terracota. Este pueblo perdido, donde cultivo la tierra me enferma entonces, llevo mi rebaño de ovejas y mi caballete a la montaña para que no me saquen fotos esos tipos mientras pinto una iglesia abandonada, entre los pinos. Ellos dicen que no existe el pueblo ni el rebaño ni la montaña ni los cuadros puede ser últimamente no estoy seguro de las cosas que miro ni de lo que pintan mis dedos. Tal vez esto no sea un poema. Tal vez no haya una iglesia ni tengas esto en tus manos.