El hombre nace libre,
pero por todas partes está encadenado
Jean Jacques RousseauLa montaña mágica
a mi padre
caído en las garras de un xXAl final de la calle Morgan donde el pueblo termina estaba la montaña mágica. Los que creíamos, subíamos a pedir tres deseos de los comunes y de los otros los impronunciables. Supongo, que ella cumplió todos al pie de la letra. Recuerdo algunos casos célebres: el banquero que condonó las deudas el millonario que regaló casas la profesora que aprobó a todos el club del barrio que salió campeón. De los impronunciables sólo me atrevo a recordar uno: la muerte accidental de xX, el usurero el hijo de xX, demolió la montaña y construyó una cárcel muy bonita donde cuelgan los deudores, los pedidores de deseos y los poetas.