El hombre nace libre,
pero por todas partes está encadenado

Jean Jacques Rousseau

La montaña mágica

a mi padre
caído en las garras de un xX

Al final de la calle Morgan
donde el pueblo termina
estaba la montaña mágica.

Los que creíamos,
subíamos a pedir tres deseos
de los comunes y de los otros
los impronunciables.

Supongo, que ella cumplió todos
al pie de la letra.
Recuerdo algunos casos
célebres:

el banquero que condonó las deudas
el millonario que regaló casas
la profesora que aprobó a todos
el club del barrio que salió campeón.

De los impronunciables
sólo me atrevo a recordar uno:
la muerte accidental
de xX, el usurero

el hijo de xX, demolió la montaña
y construyó una cárcel
muy bonita
donde cuelgan los deudores, los pedidores de deseos
y los poetas.