La parábola de Vincent y los desaparecedores

Claman los justos, y Jehová oye,
y los libra de todas sus angustias
Salmo 34, 17

Esto soñé, en este vagón abandonado
donde vivo con otros
predestinados
y también vi en el sueño
cómo alambraban el lugar
y nos ponían esos trajes a rayas
con un símbolo en el brazo
mientras esperábamos en la barraca
un baño de inmortalidad.

Allí, hablé con un enfermo
que escribía poemas
y un loco que pintaba trigales incendiados.

Desperté
salí con Vincent a caminar
y vi que algunos corrían
a incendiar los vagones
y volverse todo rojo azul naranja
amarillo

pero nosotros no
nosotros éramos fuego antes
mucho antes.

Miro el cielo, y ese pájaro negro
que avanza decidido
entre las llamas
y también miro a las bestias que aplauden
y me río
ahora que no existo
ahora que oigo la voz de los justos
clamar por Jehová.