Molicie
Las palabras vienen doradas y azules 
a quebrar 
el medio de la noche. 
Tú, pereza inmóvil, 
no nos dejas anotarlas.
Y entonces el poema, sin más remedio,
tira de la llave 
y se va sin saludarnos, 
por el ojo mísero 
de la cerradura.