El poema
       1
He dormido todo 
un año, 
o tal vez he muerto 
sólo un tiempo, 
no lo sé. 
Pero sé que un año 
he estado ausente, 
sé que un año he 
descansado, 
sé que en ese tiempo 
las moras y las frutas 
secaban sus raíces 
triturándolas 
de sabor y regocijo. 
Yo descansé 
en la sierra, 
y felizmente mi 
corazón no se secó 
con la humedad 
del llanto, 
no sollozó, 
no reclamó tristezas 
pasadas. 
Todo sucedía como 
siempre: 
y yo descansaba 
descansando, 
los trenes aún pesaban sus rieles, 
los barcos naufragaban 
tarde y anoche, 
muchos peces 
agotábanse en el mar.
       2
Pero ya estoy aquí. 
He vuelto sin embargo, 
con un raro sabor 
a tierra amarga, 
muchos sufrimientos 
tenía acumulados 
y es difícil olvidar 
en un año. 
Es difícil dejar 
todo abandonado, 
un año es siempre 
un año y nunca es suficiente. 
Es difícil dejar todo, 
pálidos arbustos 
cubren el corazón 
de odio, 
y arrancar es siempre 
dejar algo, 
un hueco, 
una raíz fina; 
el aliento 
del odio incansablemente 
habita 
en el corazón 
y en el sueño. 
       3
Hoy he vuelto 
mis caminos. 
Partí hace ya 
un año. 
Todo podría negarlo 
ahora: 
no sé si he nacido, 
no sé si he leído 
alguna vez un libro. 
Habré tal vez hojeado 
un verso de Salinas 
que hoy quiero olvidar. 
Un año nunca es suficiente 
cuando se desea el descanso. 
Si he nacido 
es porque he de acabar 
con mis huesos 
en el mar: 
(el mar lo lava todo, 
el mar cubre 
las hierbas y los pastos, 
él llena los corazones 
de sal y de tinieblas). 
Pero yo acaso ya he muerto, 
un año es siempre un año, 
realmente no he 
descansado nada, 
¿o es que quiero 
volver a recostarme 
en el lecho 
del descanso, en donde 
en sueños escuchaba 
el rumor 
de las vertientes 
del otoño?
       4
He vuelto ya. 
Mamá, papá, 
he vuelto. 
Hermanos, 
aquí estoy 
como antes, 
cantando en 
las noches 
del invierno, 
con mi seco 
corazón 
de pan y piedra. 
Gustavo, tú 
has crecido. 
¿Y ya no cuentas 
con los dedos, 
y ya no lees 
letra a letra, 
y ya no sueñas 
con los tigres 
y elefantes? 
Es cierto, padres, 
hermanos, 
aquí estoy. 
No sé&Mac226; si he descansado, 
y es que en el camino 
encontré&Mac226; un sauce que 
reía con el viento y 
con mis pasos, 
que reía con 
los dientes y las ramas, 
que reía de todo 
como un niño, 
y esto me ha 
hecho dudar.
       5
He estado un largo 
año tendido en 
la hierba del olvido, 
cubierto por 
las hojas del amor y 
del otoño. 
Ya he descansado 
un poco, lo confieso, 
yo partí sin despedirme, 
pero es que en mi corazón 
no cabían ya mis flores, 
en mi corazón no entraba 
ya el duro secreto de la vida.
       6
He vuelto lentamente 
(Un poco de sueño 
es siempre necesario 
aunque sea corto como 
el silencio de las 
enredaderas) 
Por cada pueblo que pasaba 
de regreso, 
veía que sus puertas 
estaban abiertas 
para mí, 
que sus techos eran míos, 
que sus campos, 
sus oídos, 
todo me pertenecía. 
Yo caminaba y 
caminaba, 
no miraba atrás 
hacia mi lecho de hojas, 
un año es suficiente 
me decía, 
no es necesario morir 
más si es que queremos 
abrir los brazos y decir: 
"hasta mañana, gracias, 
nada ha sucedido, 
y estoy como siempre 
entre los ríos, 
y estoy como nunca 
entre las piedras". 
Y seguía caminando, 
pensando en el pan 
caliente de la casa, 
saboreando el arroz 
preparado por mi madre, 
sintiendo a mi 
cama 
con 
sus 
sábanas 
felices.
       7
El canto de los 
ríos 
acompañaba a mis 
pies 
de tibio caminante, 
el río 
cantaba con mis brazos, 
en él 
yo miraba a la muerte y a 
la vida. 
Pero uno está siempre 
compuesto 
de un trozo de muerte y de 
camino, 
y uno siempre es río, 
o canto, 
o lágrima cubierta.
       8
He vuelto. Dormí un 
largo año, descansé&Mac226; 
y estuve muerto, pero 
gocé de abril 
y de las flores blancas. 
       9
Hoy he regresado por 
los campos, 
a ratos corriendo 
sofocado, 
a ratos descansando 
nuevamente al pie 
de un árbol de 
hojas castañas. 
El sol arriba, 
(como siempre), 
entonando estruendosas 
canciones de triunfo 
o desafiándome a correr 
por todo el campo. 
Me detuve 
en las vertientes, 
hundía mis brazos 
en sus aguas, 
conversaba 
refrescando 
la cabeza. 
Y me vi de nuevo 
reflejado en 
el mar y aquí dudé 
de nuevo: 
yo no he sabido nada, 
todo un año he viajado 
por los pueblos 
de los sueños. 
no sé si soy tan sólo 
un muerto que golpea 
su cajón de asfixiado, 
no sé si en un pedazo 
de té pudiese recordar 
toda una vida perdida, 
pero sé que he estado 
dormido: 
un año es un siglo 
cuando es un año 
de sueños y de olvidos.
       10
No me reprochen nada 
si he estado ausente 
todo un largo racimo 
de días apretados, 
es porque supuse 
que nunca se puede 
vivir tanto, 
mis manos ya eran 
manos sólo para 
el clamor y el refugio. 
Yo construía mis 
grutas con mis ojos, 
y las uñas no existían 
para el pan ni para 
el trigo. 
Nunca sabré si he 
descansado, 
saber no es suficiente, 
un año es siempre un año, 
pero sé que he dormido, 
y allí donde dormía 
las flores cubrían 
mi cabeza, 
y no me preocupaba 
ni del río ni del valle, 
ni del mar ni las arenas. 
Hoy vuelvo, 
hoy retorno 
después de un año, 
después de un año 
de descanso o 
de perenne viaje 
hacia la vida. 
Pero el viaje 
del descanso, 
o el viaje sin descanso, 
o el viaje y el descanso, 
todo es un alivio para 
mis ojos muertos. 
Hoy regreso con la duda 
y la palabra, 
hoy retorno con 
la dicha en la garganta, 
sin descanso o con descanso, 
pero sin nuevos sueños. 
Sin un nuevo sueño 
que me obligue a 
retornar a mi lecho 
de hierbas y de flores, 
sin un nuevo y largo 
sueño, 
podré construir 
nuevas palabras, 
tal vez sonreiré 
con cara alegre, 
alguna vez saludaré 
a la vida, 
y esperaré 
a la muerte alegremente, 
con mi seco corazón.