Recuento del año
Una vez terminado 
el año, 
procedo a recoger 
mis cosas nuevas, 
procedo a reclamar 
papeles viejos, 
hago al compás 
de charlas amistosas 
el recuento del año, 
el recuento de mis 
365 días pasados: 
todo se fue 
rápidamente, 
no hubo tiempo 
para la cosecha, 
ni para 
sembrar el trigo 
en los maizales. 
Los días volaron 
raudamente, 
estuve sentado, 
leyendo, 
o alguna vez 
escribiendo 
hasta la noche. 
No tuve miedo 
de la muerte, 
no pude sembrar 
el amor como 
quería, 
recogí algunas 
frutas caídas 
y supuse que 
al final moriría 
alguna tarde 
entre pájaros 
y árboles. 
No estoy muerto. 
sin embargo, 
entre tarde y tarde 
cuando vibran 
los soplos 
del silencio, 
abro mi corazón 
al conjuro 
del viento 
y la palabra, 
y construyo 
casas, 
tierras, 
mares, 
nuevos albores, 
nuevas tristezas, 
y callo al final 
(como siempre 
recordando y 
recordando)