Prólogo

      En 1991, al cumplir 80 años, Odysseas Elytis publicó las Elegías de Oxópetra, un conjunto de 14 poemas que alcanzó inmediata repercusión. En poco tiempo se vendieron miles de ejemplares, la crítica se expidió con prodigalidad y se abordó su traducción a otros idiomas. Es verdad que, a partir del otorgamiento del premio Nobel de Literatura en 1979, su poesía –hasta entonces de circulación restringida– generó gran expectación. Y es cierto también que el poeta no defraudó ese interés, como lo confirman entre otras obras Calendario de un invisible abril, Al oeste de la tristeza, El jardín de las ilusiones y su recreación y versión al griego moderno de Safo y Krinágoras. Pero las Elegías de Oxópetra, que ahora se ofrecen en versión directa al castellano, sorprendieron por su acendrado e intacto lirismo, sin signo alguno de cansancio o declinación, frecuentes a esa avanzada edad. Como en sus mejores momentos aquí la poesía de Elytis despierta un estremecimiento singular, una sensación de diafanidad que permite percibir las esencias, el mundo superior de la belleza inmutable. La palabra de este "eterno adolescente", como se lo ha llamado, apenas roza los objetos terrestres, despojándolos de todo lastre histórico o metafísico hasta transformarlos en puro goce estético.
     
      Las Elegías exhiben, además, la creatividad del poeta, empezando por su lengua griega, "la mejor de la actualidad" según el crítico Yorgos Savidis. Lengua, agreguemos, que ha sabido depurar de muchas de sus aristas rudas –morfológicas, fonéticas y léxicas– dotándola de una gracia y levedad propias de un estado literario más elaborado. Como es habitual en Elytis cada verso se inicia con mayúscula, acentuándose las sílabas de tal manera que remedan yambos, troqueos y otros ritmos plenos de fuerza y flexibilidad. Y, como es también común en su obra, apela a recursos audaces, enumerando por ejemplo una serie de enunciados líricos en la "Elegía de Grüningen", señalando con un asterisco y la nota respectiva una alusión de "Eros y Psique" o en "Verbo el Oscuro" inventando un verbo de áspera pronunciación. Son también frecuentes las rimas internas y las aliteraciones, algunas de las cuales hemos tratado de reproducir, y las connotaciones numéricas: la cantidad de poemas, 14, es múltiplo de 7, utilizado reiteradamente por Elytis, así en sus libros Seis y un remordimientos para el cielo, El árbol de luz y la decimocuarta belleza, o en poemas como "Siete versos nocturnos" y "Siete días para la eternidad". Hay igualmente múltiples referencias a plantas y colores, expresiones singulares ("árboles más pájaros"), frases registradas como proverbios ("De pequeño el milagro es flor y cuando crece muerte") y variadas representaciones del eterno femenino: Kores, la Virgen María, Diotima, Isis, Circe, Sofía von Kühn, etc.
     
      Sin perjuicio de estos aspectos formales las Elegías contienen una pulsión de muerte que, observada por algunos comentaristas, fue aclarada por el propio Elytis: "Yo publiqué un libro de poemas –dijo en una entrevista– y ellos lo ven como si fuera un aviso fúnebre". En rigor el tema de la muerte se había hecho acuciante en Calendario de un invisible abril, libro de 1984 con el que tiene afinidad y que muestra de manera flagrante el sesgo trágico de lo griego. Allí, entre otras alusiones, se habla de la "amenaza", de "un vientre más dulce que la patria", de que todo está listo para asistir "al baile de disfraz del Hades". Este pathos se intensifica en las Elegías, donde la muerte está presente desde el primer poema, que habla de un "Keramikós marino", hasta las líneas que cierran la obra: "La muerte el sol sin ocaso". Todo ello acompañado de innumerables elementos retóricos: la barca (de Caronte), asfódelos, candelabros, el Hades, la pallida morte horaciana, la ceremonia de presentación del muerto en el templo, etc.
     
      A diferencia de otros libros de Elytis hay en las Elegías un sentimiento "nocturno" de neta prosapia romántica. Hay también, desde el mismo título, reminiscencias rilkeanas, no sólo en cuanto aciertos símbolos –el Ángel, la Anunciación– sino con respecto al itinerario espiritual que va de la queja (élegos) a la apertura del mundo de lo puro, al "heile Welt". La "nocturnidad" es evidente en los poemas dedicados a Hölderlin y Novalis, bastante distantes de la "metafísica solar" que enunciara alguna vez. "En anteriores oportunidades –decía al recibir el premio Nobel– he esbozado los fundamentos de una metafísica solar, y si bien no es éste el momento de considerar las analogías que esa "metafísica" pueda suscitar en relación con el arte, quiero por lo menos señalar el hecho real de la afinidad existente entre el sol –considerado tanto en su sentido real como metafórico– con el medio de expresión de los griegos, entendido como instrumento de magia. Y este sol, concebido de esta forma, impone al núcleo de sentido del poema el mismo régimen que a la vida en todas sus manifestaciones."
     
      Ahora domina el pathos de lo oscuro, y el poeta mismo –como dijimos– debe inventar una herramienta verbal para acceder a la tiniebla. Orfismo puro, que no tiene nada de extraño tratándose de un griego, pues como dice el escritor y crítico Nikos Dimu si los griegos aman como nadie la luz es lógico que teman como nadie la oscuridad. Esta incursión en lo oscuro lleva, sin embargo, a la luz. Hay para Elytis algo inmortal e inalterable, eso que llaman "alma" y que, como lo sugiere el mito de Eros y Psique, se revela así mismo en el misterio del amor. Según esa historia, recogida por Apuleyo, y luego impregnada de contenidos platónicos y cristianos, el alma –después de muchas tribulaciones– celebrará sus bodas con Eros y beberá, de manos de Dios mismo, la copa de la inmortalidad. O dicho en términos del Fedón y el Fedro, y también del Apocalipsis, ingresará en la región que se extiende más allá del uranós y que ningún poeta ha celebrado: el verdadero cielo, la verdadera luz, la verdadera tierra. Sólo el poeta lo sabe, el "Jesús del Sol". Y sólo el poeta, como Orfeo, puede abrir las puertas para que se revele nuestra otra naturaleza. Sólo el canto de este Jesús-Orfeo, summus musicus, puede abrir las grandes puertas para que veamos el "Sol Oculto" , "el sol sin ocaso". Elytis, en ocasión de una visita que le hicimos en su departamento del elegante barrio de Kolonaki, en Atenas, había expresado su esperanza de completar esta obra, a la sazón en plena ejecución. Felizmente pudo hacerlo, aunque no alcanzó a ver publicada esta traducción al castellano, que se hallaba apunto de concluir cuando recibimos la noticia de su muerte, ocurrida el 18 de marzo de 1996. Esta versión, pues, que hubiéramos querido compartir con él, se convierte en un homenaje de los traductores al poeta admirado y al amigo. Él nos había escrito una vez, al recibir nuestras primeras ediciones de sus poemas en castellano: "Estimo especialmente las acciones generosas que muestran sólo amor. Amor a la poesía –a la poesía griega– y este amor es raro en nuestros días. Si existieran personas como ustedes en todos los países la suerte de las letras griegas sería distinta".